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Niños, niñas y adolescentes en la ruta migratoria deben trabajar y se exponen a las peores formas del trabajo infantil.

Un llamado de atención para proteger a la niñez migrante

La migración es un derecho, y un fenómeno que impacta en el desarrollo de los países y de la población, la cultura, las relaciones transfronterizas, la seguridad, entre otros; por ello, en el marco del Día Internacional del Migrante, hacemos un llamado a la reflexión sobre la realidad de miles de niños, niñas y adolescentes que, solos o junto a sus familias, van en busca de mejores oportunidades o de un futuro seguro. Migrar no es negativo, sin embargo, muchas personas menores de edad se ven impulsadas a dejar sus ciudades de origen de manera irregular y en condiciones peligrosas, exponiéndose a las peores formas del trabajo infantil y ahondando su situación de vulnerabilidad.

Los principales motivos manifestados por los niños, niñas y adolescentes para migrar son: mejorar las condiciones de vida, la reunificación familiar y haber recibido amenazas en sus lugares de origen. 

En los últimos años el número de personas migrantes, incluidas personas menores de edad, ha aumentado a consecuencia de la violencia e inseguridad social y del crecimiento económico no inclusivo. En la región, por ejemplo, desde 2007 la población infantil migrante centroamericana no acompañada ha aumentado, en especial de los países del triángulo norte (Guatemala, Honduras y El Salvador) hacia México y los Estados Unidos; incluso, en 2014 se declaró emergencia humanitaria en la zona, y existe evidencia de que la tendencia es hacia el incremento de las cifras.

Esta es una realidad compleja de hacer frente; la información disponible sobre la población infantil migrante es aún escasa, gran parte proviene de los niños, niñas y adolescentes que fueron intervenidos en alguna parte de la ruta migratoria o retornados, sin embargo, muchos cruzan las fronteras y las autoridades no logran realizar el seguimiento respectivo.

Las condiciones en las que migran las personas menores de edad son, en su mayoría, precarias y riesgosas, a esto se suma que en muchos casos, lo hacen sin la compañía de sus padres o de una persona adulta que los apoye, guíe y proteja durante la ruta.  En consecuencia, están más expuestos a ser víctimas de prácticas delictivas en los países de tránsito o de destino, se ven obligados a trabajar durante el viaje para poder subsistir; por lo general, en trabajos que atentan contra su salud e integridad, los alejan de oportunidades educativas, de protección social, los mantiene en el anonimato y reduce las posibilidades de que lleguen a encontrar un trabajo decente.

                                                                             

Principales peligros en la ruta migratoria:

  • Peores formas de trabajo infantil
  • Maras y extorsiones
  • Drogas y alcohol

 

 

 

 

 

En consecuencia, es prioritario promover espacios de discusión y generar conocimientos que ayuden a comprender la problemática, formular recomendaciones políticas y crear propuestas de actuación articulada oportuna para la protección de la niñez migrante, en especial de quienes están en edad permitida de trabajar (entre los 14 y 18 años de edad) y que no son considerados dentro de las políticas públicas. La clave es generar nuevos mecanismos de prevención al trabajo infantil y protección para los niños, niñas y adolescentes que migran de manera irregular.

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